Singapur sufrió el peor ataque de sus 50 años de existencia. Un ataque cibernético en el que le robaron datos del sistema público de salud de un cuarto de su población, incluido el primer ministro. ¿Servirá este caso para que Colombia replantee la idea de que el set de datos para comenzar la carpeta ciudadana es la historia clínica?

Singapur es hoy en día una ciudad Estado que, siendo parte de Malasia, se independizó de Inglaterra en 1953 y dos años después se separó de Malasia. Es el país más pequeño en esa región y tiene una economía próspera con uno de los PIB per cápita más altos del mundo. Al ser un pequeño y nuevo país, que no cuenta con recursos naturales, eligió soportar su desarrollo en el sector tecnológico e industrial.

El ataque consistió en infectar con malware un computador con acceso a SingHealth, el sistema que administra la información de cuatro hospitales, cinco clínicas especializadas y ocho policlínicas del país y desde allí sacar los datos de los pacientes.

El Ministerio se disculpó con los pacientes afectados, señaló que lo que robaron fueron datos personales de los pacientes (como nombre y dirección) y, sobre todo, sus prescripciones médicas. Afirmó que las historias clínicas no fueron afectadas y que el ataque tampoco impactó en la atención cotidiana a los pacientes.

A pesar de las peticiones del Gobierno, expertos comienzan a especular sobre lo sucedido. Algunos dicen que, por sus características de sofisticación y los recursos que se requieren, el perpetrador fue otro Estado (mencionan países como Rusia o China). Sobre los motivos, indican que acceder a secretos médicos de los poderosos es una estrategia usada con frecuencia para chantajearlos. Afirman que cualquier dato que no sea público sobre la salud de las personas tiene un precio en el mercado negro y agregan que de los datos de los medicamentos que tomamos se puede extraer mucha información.

Pensemos que Singapur es un país rico, hiperconectado, que está en la punta de lanza de los desarrollos tecnológicos y cuenta con población experta en esos avances, incluida la policía. En lo que a datos y salud se refiere, Singapur está próximo a conseguir la digitalización completa de los archivos públicos y de sus servicios esenciales, esto incluye la historia médica para que sus datos puedan ser compartidos por hospitales y clínicas a través de una base de datos centralizada. Es decir, a pesar de estar muy preparados en lo tecnológico, el hueco no fue más grande tan solo porque aún el sistema no tenía acceso a las historias clínicas.

Por contraste, en Colombia buscamos, como Singapur, digitalizar la mayor cantidad de información posible porque asumimos que muchos de nuestros problemas se pueden resolver con más tecnología. La propuesta oficial es guardar muchos de nuestros documentos más importantes en una sola carpeta digital que administrarán privados. Para llegar allá, vamos a ensayar este modelo de gestión de la información con uno de los documentos más sensibles para el derecho a la dignidad, la intimidad y la salud: la historia clínica.

En el foro Fintech del que les conté la semana pasada, el exministro TIC Diego Molano elogió ese sistema de interoperabilidad de los datos Estado-ciudadanía que Colombia construye (llamado antes Carpeta Ciudadana y ahora Servicios Ciudadanos Digitales) y mencionó que un modelo para ese sistema era Canadá. Pero, justamente, como lo mencioné en el foro, la información clínica y médica está excluida en el sistema canadiense por su sensibilidad. Singapur es un lamentable ejemplo de por qué la información relacionada con salud no es como cualquier otra. Acá, en cambio, nos saltamos ese pedazo.

Para el día del foro no conocíamos la noticia de Singapur. Sin embargo, ese país fue mencionado por el exministro TIC como otro referente para nosotros en adopción de tecnología.

Sé que él se refiere a Singapur porque su motor de desarrollo fueron las tecnologías y porque están trabajando por esa hiperconexión donde nuestros datos en poder del Estado son un eje central. Sin embargo, en este caso me uno a Molano, pero para decirles que esta noticia y la experiencia canadiense nos deben llevar a pedir que la Agencia Nacional Digital, que va a articular el esfuerzo de interconexión a la colombiana, se dé la pela: no ensayemos la carpeta ciudadana con la historia clínica.

NOTA. Sigo hablando de salud y medicamentos para manifestar mi apoyo total al Ministerio de Salud colombiano en su esfuerzo por controlar el precio de los anticonceptivos porque, como mínimo, no hacerlo empeora las brechas de género en términos económicos.