Uber no solo es el emprendimiento más valioso del planeta en estos momentos (con una capitalización de mercado cercana a 50.000 millones de dólares), sino que constituye uno de los casos más exitosos de economía colaborativa. Su esquema de operación, que consiste en establecer contacto directo entre clientes y conductores con una plataforma tecnológica como intermediaria, ha chocado con la regulación existente en varios de los países donde ha incursionado, incluyendo Colombia. Uber es el adalid de una era de economía descentralizada, impulsada por la tecnología, donde ya no es menester una robusta corporación para correlacionar la oferta con la demanda. Le sigue los pasos Airbnb, una plataforma que permite que los dueños de propiedades alquilen parte o la totalidad de las mismas a personas interesadas en hacer turismo, la cual está valorada en 25.000 millones de dólares, solo detrás de Xiaomi (la empresa de móviles más poderosa de China). PricewaterhouseCoopers define la economía colaborativa como aquella que permite a individuos y grupos obtener dinero de activos en desuso. “De esa forma, activos físicos son compartidos como servicios. Por ejemplo, el dueño de un carro puede permitir que otro usuario lo alquile cuando no lo está usando o el dueño de un apartamento puede rentarlo cuando se encuentra en vacaciones”.