Los inventos más revolucionarios e impactantes de la era moderna celebran su nacimiento.

Usted hace treinta llamadas diarias por celular, manda veinte mensajes, escribe diez correos electrónicos, les toma fotos a sus hijos, lee periódicos y libros por internet, oye música, escucha radio, ¿pero alguna vez se ha preguntado quién inventó el celular, y a quién se le ocurrió la idea de mantener comunicados por computador a los seres humanos?

La gente no conoce a los Cristóbal Colón que descubrieron este nuevo mundo, tan fascinante y estremecedor. Es más: en medio del estropicio electoral que se armó en Colombia por estos meses, con falsedades y manipulaciones a través de las redes sociales, atribuyéndole a uno lo que uno nunca ha escrito, pasó inadvertido un acontecimiento genuinamente histórico.

Para no darle más vueltas al asunto, déjenme decírselo de un solo manducazo: por una de esas bromas que suele hacer el destino, incluso a la tecnología más refinada, en estos días están cumpliendo años, al mismo tiempo, en una afortunada coincidencia, internet y el teléfono celular, los dos inventos más espectaculares de nuestro tiempo, que integran juntos la gran revolución de esta época frenética.

Militares y profesores
La invención de un servicio de computadores que comunicara al mundo entero, de manera interactiva e inmediata, fue tan estremecedora como la creación del telégrafo en su época. O de la imprenta. Vale la pena contarles cómo empezó semejante epopeya.

Comenzando la década del sesenta, en el reciente siglo veinte, hace ya sesenta años, el ejército de Estados Unidos tenía en la cabeza una serie de inquietudes relacionadas con la Guerra Fría en que estaban enfrascados con el régimen comunista de la Unión Soviética. Una de sus más graves preocupaciones era esta: en caso de un ataque contra nuestro territorio, ¿cómo podrá acceder el ciudadano a la información militar desde cualquier lugar del país y de forma instantánea?

Ante una pregunta tan inquietante, el comando militar norteamericano se puso en contacto con el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), una de las universidades más prestigiosas del mundo por sus carreras técnicas y científicas. Fue entonces cuando el MIT creó un programa especial de investigación para el cual designó como jefe al profesor Joseph Licklider, que tenía apenas 45 años y era psicólogo e investigador de los gigantescos computadores de aquella época, que no se podían mover de su cuarto.

La red mundial y la web
Fue Joseph Licklider el primero que concibió la posibilidad de crear una red mundial por computador. El antecesor directo de internet. Eso sucedió en junio de 1962, lo que significa que en este momento internet está cumpliendo 56 años. Happy birthday to you.

Pero todavía faltaba que pasaran diez años más antes de que se pudiera construir el primer computador personal. Creo que Bill Gates apenas estaba gateando. Y se necesitaron treinta más para que estallara la gran explosión mundial de internet. El profesor Licklider había muerto dos años antes. Dolorosamente, no pudo ver el terremoto que su invento causaría en el mundo entero.

En julio de 1994, hace ahora 24 años, apareció, para pasmo y dicha de la humanidad entera, un físico inglés llamado Tim Berners-Lee, que estableció la primera comunicación inmediata entre dos seres humanos por computador. Había nacido la web. El mundo jamás volvería a ser el mismo de antes.

Ajá, ¿y el celular?

Nos falta la otra parte. Vamos ahora con el teléfono celular. Déjenme hacerles esta pregunta: ¿cuántos celulares hay hoy en el mundo? Nadie lo sabe con exactitud, ni la ONU, ni los espías de la CIA –que lo saben todo– ni los computadores más modernos de Microsoft. Los usuarios tampoco conocen la increíble historia de su invención. Ni siquiera saben quién lo inventó.

Empecemos por el principio. Hoy es un anciano sonriente de barba blanca que en diciembre cumplirá 90 años. Nació en Chicago, frente a los grandes lagos de Estados Unidos, y cuando era un niño soñaba con un teléfono que uno pudiera llevar adonde fuera. Quería tener ese juguete. Estudió ingeniería electrónica y consiguió empleo en Motorola, la famosa empresa de comunicaciones y sonido.

Se llama Martin Cooper y llegó a ser director de investigaciones en aquella compañía. A un periodista amigo suyo le comentó que estaba a punto de crear un teléfono inalámbrico con el que se podría hablar desde cualquier parte del mundo. El periodista –incrédulo como todos sus colegas– se burló de él. Hasta que una tarde de junio, en 1973, Cooper lo llamó por teléfono y le puso cita en una esquina de Nueva York.